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  Actualización | martes, 28 de junio de 2005, 18:15
La fiesta de Moros y Cristianos llega a Granada
Pasacalles y concierto. La Banda Primitiva de Alcoy, la más antigua y numerosa de España, llenó las calles del centro de las músicas de Moros y Cristianos de esta localidad alicantina

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granada. La plaza de las Pasiegas y las calles del centro de la ciudad han probado la acústica de muchos tipos de música. Pero lo de ayer por la tarde fue algo nuevo. La Banda Primitiva de Alcoy, la agrupación musical más antigua de España (cumple 175 años), llenó estos escenarios con la música tradicional de las fiestas de Moros y Cristianos, con gran arraigo en la ciudad alicantina. Es la primera vez que actúan en Granada, gracias a la colaboración del Fex con el Instituto Valenciano de la Música.

"Esta banda creó la música de Moros y Cristianos", sentenció Gregorio Casasempere, el director de la formación, mientras ordenaba a sus músicos como un general ordena sus huestes. "Flautas, oboes, clarinetes...", gritaba en la Plaza del Carmen antes de iniciar el pasacalles.

Al tiempo explicaba que el repertorio consistía en piezas compuestas por músicos valencianos para las fiestas de Moros y Cristianos, pero inspiradas en Granada. Sin embargo, la banda no vestía ni mora ni cristiana, sino con el uniforme homogéneo de banda de música. La vestimenta típica la dejaron para hoy, cuando desfilen por el Paseo de los Tristes.

Cuando el director se caló su gorra y dio la orden de avanzar, el estandarte abrió el paso a la banda por las calles del centro. Detrás, la agrupación La Cordeta tocaba las dulzainas, un instrumento de viento introducido en la peníunsula por los árabes. Cerrando la comitiva, amigos, familiares y seguidores de la banda.

Tras un pasacalles más corto de lo previsto, los músicos llegaron a las Pasiegas, donde les esperaban otros compañeros que, por razones de peso, no pudieron desfilar con ellos: la percusión y el violonchelo eran algunos. El estandarte quedó apoyado en una pared; Casasempere dejó la gorra y cogió la batuta. El concierto podía empezar.

"Fíjate cómo dirige", comentaba un espectador. "No mira la partitura. Lleva la música en la cabeza". Ciertamente, el director vibraba con la música, composiciones de inspiración andalusí como La Alhambra o Moro de Granada. Casasempere saltaba, se agitaba y retorcía al ritmo de la música, o puede que el ritmo de la música se agitara y retorciera al son de sus movimientos.

La plaza se fue llenando de curiosos atraídos por una música de espíritu festivo (como en las películas de Berlanga), pero que para la ocasión adoptó tonos de solemnidad y misterio, acorde con las leyendas que envuelven el escenario en el que se encontraban los músicos. Una pareja de turistas cenaba en la terraza de un bar cercano, sorprendida por esta banda sonora. El resto del auditorio tenía que conformarse con sentarse en las escaleras de las Pasiegas. Mientras un padre explicaba a su hija que esto era un concierto, "como los del Manuel de Falla pero gratis". La filosofía del Fex se transmite de padres a hijos.

 

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